lunes, 13 de febrero de 2012

CRASH

Se me podía haber ocurrido otro título, pero me ha salido éste como me podría haber salido quiebra, destrozo general, caos, desastre, tragedia, final, muerte anunciada y algunos más. Lo triste es que entre todas estas palabra no hay una sola que tenga un mínimo de esperanza. Desde el viernes pasado, 10 de febrero 2012, este país ha comenzado a escribir su epitafio. La clase trabajadora ya había comenzado muchos años antes, guiados por unos políticos de izquierda deslumbrados por el capitalismo y unos sindicatos que se acostumbraron pronto a vivir muy bien subvencionados. Ahora, cuando de verdad viene el lobo, como en aquel cuento de la infancia, no les cree nadie. Se han acostado tantas veces con el enemigo, que los obreros ahora no saben dónde está su referente, el norte, y están perdidos, desorientados, confusos, decepcionados, desesperanzados y otros adjetivos del jaez. De los políticos me da miedo hablar porque no puedo decir cosa buena alguna. Los que se declaraban de izquierda, hace años que enterraron a Pablo Iglesias y los de la derecha, esos individuos retorcidos, perversos, que durante años han estado agazapados esperando su oportunidad, han conseguido el poder con artimañas deleznables -entendiendo por tal decir una cosa y hacer exactamente la contraria- y ahora que tienen el poder sacan su verdadera cara. Entregar el destino de millones de trabajadores a unos empresarios insaciables y de ideología esclavista, que han visto premiada su fidelidad a la causa de la derechona cavernícola, que ha aprendido durante los años de la travesía del desierto a retorcer el contenido de las palabras. Ahora engañan a cuatro bobos que les dan la mayoría absoluta, se la meten sin anetesia por donde -dicen-amargan los pepinos y, para más sonrojo, les siguen aplaudiendo. Somos una chusma analfabeta que nos hemos acomodado al sillón de la indolencia mientras corridas de toros y partidos de futbol, mamachichos y telescincos nos llenaban la sesera de vísceras y otras inmundicias. Ahora, con la mierda al cuello, nos vamos a comer las cacas de la nariz gracias a esos políticos que en sus conciliábulos estarán frotándose las manos, confiados en que aquí, aburguesados los del común y domesticados la intelectualidad, nunca tendremos los cojones de los griegos para quemar Troya. Que no se confíen, porque el pueblo es visceral y cuando la masa se encabrita, pueden temblar los cimientos del imperio. Mubarak, el rais intocable, por ser el ejemplo más cercano en el tiempo, ha pasado de la gloria al infierno, de héroe a villano, de señor todopoderoso a preso. No es el único caso en la historia reciente del mundo y algunos por aquí están haciendo méritos para merecer otro tanto.